La escasez de chatarra en España en los años cincuenta, hizo que el metal de los naufragios cercanos a la costa adquiriera un inesperado valor monetario. Lo que hoy consideramos restos arqueológicos fue, en ese momento un recurso con el que sobrevivieron numerosas familias y empresas. El Mar del Ebro se convirtió en un lugar de referencia de este negocio submarino. Allí llegaron, también, buzos clásicos de escafandra y submarinistas (los, entonces, llamados hombres “rana”) atraídos por la oportunidad de trabajo. Sus historias se han mezclado con los relatos fascinantes de los barcos que desmantelaron. ¿Quién era esa gente que arriesgaba su vida para rescatar metal oxidado? Y, ¿qué encontraron en el fondo del mar?